
Recuperando asignaturas
Levanto la vista hacía él, que me observa y afirma con la cabeza, mientras estoy arrodillada frente a su sexo erecto que sujeto en mi mano. Mis labios están a escasos centímetros, nuestros ojos se cruzan y en los suyos veo el deseo, ese deseo que le ha llevado hasta mí, que le ha hecho creer que él tiene la sartén por el mango, cuando en realidad es al revés. Acercó mi lengua sin perder de vista sus ojos, él suspira, y yo lamo el glande. Sus manos se enredan en mi pelo y me obligan a meterme todo el bálano que gustosa chupo. Es lo que él quiere, pero también lo que yo deseo. Chupo con vehemencia, sujetando el pene por la base, marcando el ritmo y haciendo que el glande entre y salga de mi boca a buen ritmo. Él, Luís, mi tutor, suspira, gime, empuja su pelvis hacía mi boca. Sé que se muere de ganas por vaciarse, por llenar mi garganta con su esencia y dejo que siga empujando su polla. Trago una y otra vez, saboreando su piel como sé que a él le gusta. Acaricio los huevos y decido sacar la polla de mi boca, lamo el tronco suavemente, despacio, deslizando mi lengua hasta la base y allí la paso por los huevos. Seguidamente me meto uno en la boca y lo saboreo, luego hago lo mismo con él otro. Pero a él no parece gustarle ese juego, así que tirando de mi pelo, me aguanta la cabeza y me ordena:
- Abre esa boca, putita.
Y yo como buena alumna, obedezco. Abro la boca y él introduce su falo. Me obliga a cerrar la boca alrededor y lo mete y saca, usando mi boca como si fuera mi sexo, haciéndome engullir su verga una y otra vez, cada vez más velozmente.
- ¡Ah, sí, eso es! - Musita excitado.
Yo sigo chupando como él desea, cada vez con más rapidez, tratando de hacerlo correctamente, siento como su verga se hincha dentro de mi boca, como gime él, como se convulsiona y como empuja su pelvis precipitando su pene hacía mi boca, mientras me sujeta la cabeza con fuerza, hasta que siento su caliente esencia inundando mi boca, trago lo que puedo, mientras él se vacía. Unas gotas escapan, saliendo por la comisura de mis labios y Luís, empuja y empuja hasta que no sale ni una gota. Trago y finalmente limpio el instrumento, lamiéndolo por completo. Cuando termino, Luís se guarda la verga dentro del pantalón, cierra la cremallera y me ordena:
- Muy bien, putita. Tu primera lección de recuperación ha ido muy bien. Ya puedes irte, te espero mañana a la misma hora.
Me levanto y salgo del despacho sin decir nada. Este es mi primer año de Universidad y hasta ahora me ha ido bastante bien. Siento mi sexo húmedo, muy húmedo y me muero por que alguien me penetre. Quizás Marcos, mi novio. Salgo de la facultad con paso firme y al llegar a la calle en mi móvil suena la musiquita de que ha llegado un mensaje de texto. Busco el móvil en el bolso lo saco, y lo leo. Es de Marcos: "Lo siento, princesa, se me ha complicado la tarde y no puedo ir a verte, nos vemos mañana". Vaya, mi gozo en un pozo, tengo que buscar una alternativa para que alguien apague este fuego que me devora. Camino unos metros, hasta que paso por delante de un bar. Miro a través del cristal, hay muchos tíos, pero entre todos me llama la atención uno que está sentado junto a una mesa cercana a la cristalera, él sólo, muy atractivo, moreno, de unos 30 años. Decido entrar en el bar...
Andaba con paso firme por el pasillo central, llegué a mi mesa, y dejé mis cosas sobre esta. Me sorprendió ver la puerta del despacho de Elba abierta tan temprano, y más oir ruido dentro, parecian sollozos de una mujer. Me acerqué a la puerta y pude ver a Elba sentada en su mesa, con un pañuelo entre las manos y un dvd sobre la mesa. No sabía si entrar o volver a mi mesa, decidí hacer lo segundo, pero tratando de escuchar. Pude apreciar el sonido del telefono al ser descolgado y el de marcación de numeros, y luego como con voz triste y llorosa decía:

Aquella mañana me levanté feliz. Había conseguido que Tomás me deseara, tenía por fin en mis manos, lo que Elba más quería y ahora era mío. La sensación de triunfo era maravillosa y sólo deseaba volver a encontrármelo para volver a tenerle entre mis piernas.

- Paty, tendrías que quedarte un poco más hoy también, aún tengo dos informes por terminar - me anunció Elba mi jefa.
Aquel sábado me desperté un tanto inquieta, llevaba una semana sin tener sexo con Juan y eso era muy extraño. Sobre todo porque en las tres últimas veces que me había insinuado él me había rechazado, algo bastante raro en él, ya que hasta aquel momento siempre había sido él el que me había propuesto sexo abiertamente. Así que me desperté con una ganas tremendas de hacer algo. Como hacía calor, ya que era verano, no llevaba ropa, dormía totalmente desnuda con una ligera sábana para taparme si me molestaba el fresco de la mañana. Dirigí mis manos hacía mi sexo y muy suavemente empecé a masajearrme el clítoris, pero enseguida una serie de ruidos empezaron a desconcentrarme. Oí a mamá duchándose y unos fuertes golpes en el piso superior, supuse que sería Carlitos, el hijo de 4 años de mis vecinos. Así que ante aquel panorama decidí levantarme. Me puse mis tejanos y una simple camiseta y me dirigí a la cocina. Mi madre estaba preparando el desayuno, y extrañamente en ella, canturreaba una canción. En realidad en la última semana, mi madre había estado más alegre que de costumbre, supuse que sería a causa de algún hombre y por enésima vez traté de averiguar algo: 
