Cuando nuestros cuerpos se calmaron, ambos nos dejamos caer al suelo. Tomás me abrazó con fuerza y no sé porqué miré hacía el techo y en una esquina vi lo que parecía una cámara de vigilancia.
- ¿Tenéis cámaras de vigilancia? - Le pregunté a Tomás.
- Sí, Elba se empeñó en colocarlas, también pusimos una alarma. Está obsesionada con la seguridad. Pero todavía no funcionan - me dijo.
- Bueno, ¿Qué tal si nos vestimos y haces ese trabajito que tenías que hacer? - Le propuse a mi amante - Yo mientras curiosearé un poquito por la casa - le anuncié.
- Perfecto.
Nos vestimos y entramos en el comedor. Era grande y muy espacioso. Constaba de una zona de comedor a la derecha, frente a una balconera que salía a una gran terraza, frente a la balconera había una puerta que daba a una, también, gran cocina totalmente equipada. A la izquierda estaba la zona de salón, amueblada con exquisitos sofás de ante negro y una gran televisión, frente a uno de los sofás había otra balconera que daba a la terraza y tras el otro sofá había una puerta que daba a un pasillo que supuse llevaba a las habitaciones y al baño.
Cuando terminé de curiosear me senté a observar a Tomás mientras colocaba un cuadro de Elba en una de las paredes del comedor. Cuando el cuadro estuvo colocado me acerqué a Tomás y tras estamparle un salvaje beso en los labios le dije:
- Te ha quedado perfecto.
- Gracias, putita. Oye, se me está ocurriendo una cosa. Como he sudado bastante ¿qué te parece si nos damos un baño?
- Bueno, como tu quieras - acepté y estaba a punto de ponerme en pie, cuando Tomás recibió una llamada en su móvil.
Se sentó en el sofá para atenderla, y enseguida oí que decía:
- Hola cariño. Sí, ya he puesto el cuadro, queda perfecto.
Era evidente que era Elba, por eso no se me ocurrió otra cosa más que arrodillarme entre las piernas de Tomás, y empezar acariciando su miembro por encima del pantalón.
- No, no hace falta que vengas ahora mismo, quedamos para comer por ahí y luego venimos - dijo él tratando de disimular y convencerla de que no viniera.
Mientras yo le bajaba la cremallera y sacaba su sexo semierecto del cálido refugio de sus pantalones. Lamí el glande y me lo introduje por completo en la boca cuando él decía:
- Es que en cinco minutos he quedado con Javier para ir a jugar al futbol - mintió.
Tomás trató de acallar un gemido, y sentí como enredaba su mano en mi pelo, mientras yo empezaba el movimiento de metesaca de su verga en mi boca.
- ¿Has compra...do muchas cosas? - Le preguntó a Elba, tratando de controlar su placer.
Mi mano masajeaba sus huevos, mientras seguía chupando la verga, que altiva se alzaba y crecía en mi boca; sentía los espasmos que le producía el placer y el deseo de correrse dentro de ella, pero la conversación con Elba, le distraía.
- Muy bien cielo, me alegro, seguro que que...dan... ah, preciosas.
Sentí el primer chorro en mi lengua y me preparé a recibir los siguientes, mientras la cara de Tomás era todo un poema y ya no trataba de contestar a Elba, sólo asentía y decía:
- Sí, si, sí.
Mi boca se llenó de su amargo sabor, que traté de tragar tan deprisa como pude. Mientras observaba su cara de deseo, y su mirada malintencionada me decía que aquella sesión de sexo no iba a terminar así.
- Muy bien, cielo, nos vemos luego. Te quiero - le dijo a Elba colgando y repuesto ya del orgasmo que acababa de tener.
Alcé mi cabeza, tragando los últimos tragos de su semen y limpiándome la boca con el brazo.
- ¡Dios, que putita eres! - Me dijo por enésima vez.
Yo me sentía feliz y satisfecha de haberle provocado un maravilloso orgasmo mientras hablaba por teléfono con la imbécil de mi jefa. Por un segundo, pensé que ¡ojalá las cámaras de vigilancia estuvieran encendidas y ella misma pudiera ver aquella erótica escena el algún momento!
Me disponía a levantarme cuando Tomás, me cogió por la cintura y sentándome sobre su regazo me dijo:
- ¡No, no, no putita! Quiero follarme ese culito hasta que me harte - me susurró, subiéndome el vestido hasta la cintura.
- No, Tomás, ahora no - traté de escaparme de él para hacer el juego más morboso aún. Me encantaba que me deseara y hacerle desearme, por eso corrí hasta una de las puertas que llevaba hasta la terraza y la abrí saliendo.
- Ven aquí, putita, no te vas a escapar - gritó, atrapándome y tirándome al suelo.
Su verga seguía fuera de sus pantalones y estaba ya erecta de nuevo, dispuesta para un nuevo ataque. Se echó sobre mí, mientras yo trataba de zafarme pero sin éxito.
- No te vas a escapar putita, no saldrás de esta casa sin que te folle otra vez como Dios manda.
- Tomás, puede vernos alguien - protesté.
- Pues que disfruten y aprendan de cómo se folla a una putita como tú.
Su modo de hablarme me estaba excitando demasiado y dejé que hiciera lo que quisiera. Me subió el vestido hasta la cintura, y sentí como alojaba su polla ya erecta entre mis piernas. Su glande chocó con la entrada de mi vagina y gemí.
- Ya estás otra vez mojadita, si ya lo digo yo, eres toda una putita.
- ¡Ah, sí, Tomás, pero es que me pones a mil! - Me justifiqué.
Casi sin darme cuenta me puso a cuatro patas y me penetró con fuerza por la vagina, un gemido de placer escapó de mi garganta. Tomás empezó a envestirme sin contemplaciones, estaba claro que estaba superexcitado y que no iba a dejar que me escapara sin una nueva ración de sexo. Sus envestidas eran cada vez más fuertes, e iban acompañadas de palabras como:
- Toma, putita, toma, toma.
Yo me sentía en el cielo y sentía como su verga se iba hinchando dentro de mí, también mi orgasmo crecía por momentos, cuando repentinamente, sentí como Tomás sacaba su polla de mi vagina y sin contemplaciones la metía en mi ano. Un sonoro:
- ¡Aaaaaaahhhhhhh! - Que no pude evitar, sonó en el vecindario.
Tomás empujó una y otra vez, con fuerza, haciendo que todo mi cuerpo se balanceara adelante y atrás, sus manos tiraron de mi pelo y una última envestida, hizo que tanto mi orgasmo como el suyo se precipitaran sin remedio haciendo que nuestros cuerpos se convulsionaran al unísono y también juntos cayéramos extasiados sobre el suelo de la terraza. Nuestras respiraciones entrecortadas, sonaron durante unos segundos mientras recuperábamos el aliento.
Nos levantamos y entramos en el piso, recompusimos la ropa como pudimos mientras yo le decía a Tomás:
- Creo que nos ha visto alguna que otra vecina del edificio de enfrente.
- Bueno, no creo que se lo vayan a contar a Elba, más que nada, porque probablemente aún no la conocen lo suficiente.
- Bueno, si a ti no te importa, a mi aún menos.
Tomás miró el reloj y dijo:
- Tendríamos que irnos ya.
- Muy bien.
- Te dejo en tu casa ¿no?
- ¿Si eres tan amable?
Me llevó hasta mi casa y quedamos en vernos el lunes, ya que al día siguiente domingo tenía planes con Elba.
El lunes me vestí tan sexy como pude. Iba dispuesta a cualquier cosa y si hacía falta incluso a contarle a mi querida jefa, el maravilloso viernes y sábado que había pasado con su novio pero al llegar....