Andaba con paso firme por el pasillo central, llegué a mi mesa, y dejé mis cosas sobre esta. Me sorprendió ver la puerta del despacho de Elba abierta tan temprano, y más oir ruido dentro, parecian sollozos de una mujer. Me acerqué a la puerta y pude ver a Elba sentada en su mesa, con un pañuelo entre las manos y un dvd sobre la mesa. No sabía si entrar o volver a mi mesa, decidí hacer lo segundo, pero tratando de escuchar. Pude apreciar el sonido del telefono al ser descolgado y el de marcación de numeros, y luego como con voz triste y llorosa decía:
- Tomás, necesito verte en mi despacho lo antes posible.
Hubo un silencio en el que supuse que Tomás hablaba.
- No, tiene que ser hoy y ahora si puede ser, te espero en mi despacho lo antes posible.
Otro silencio al que siguió un triste:
- Hasta ahora - por parte de Elba.
Me levanté para ir a la salita donde teniamos la máquina del café, ya que me temia que la situación no presagiaba nada bueno. Estaba esperando a que saliera el café después de haber metido las monedas cuando oí que mi mobil, que llevaba en la mano sonaba. Era Tomás, así que lo cogí.
- Buenos días, putita.
- Buenos días, no se que le habrás hecho pero Elba está muy triste y llorosa - le comenté.
- Sí, me ha pedido que vaya inmediatamente a su despacho, me temo que quizás sospeche algo - me respondió.
- ¿De nosotros?
- Sí, por eso me gustaría verte antes, necesito desestresarme e ir relajado a su despacho. ¿Qué tal si nos vemos en los baños de tu despacho y allí me haces uno de esos trabajitos que tan bien haces? - me dijo insinuante.
- Tu estás loco, sinos pilla... - no me dejó terminar la frase y me cortó diciendo:
- Loco por ti y por esas maravillosas curvas que tienes, putita.
- Esta bien, seguro que me sabe a gloria un polvo contigo en el baño mientras ella está en su despacho esperandote, jaja - me reí.
Aquella venganza me sabía más dulce que cualquier pastel. Tenía a Tomás a mis pies, loco por mis encantos y mi cuerpo y dispuesto a cualquier cosa. Por un segundo, barajé la posibilidad de que Elba pudiera descubrirnos en el baño follando y eso hizo que la venganza fuera aún más dulce.
- Nos vemos en cinco minutos - me dijo Tomás.
Me tomé el café con tranquilidad y cuando terminé me encaminé hacía los baños. Cuando me acercaba vi a Tomás apoyado en la pared que separaba la puerta del baño de hombres de la puerta del baño de mujeres. Me acerqué a él sonriendo, mirando a mi alrededor con la esperanza de que nadie conocido nos viera y cuando llegué frente a él, Tomás me cogió de la mano y tirando de mí me llevó hasta el interior de uno de los wateres de mujeres. Cerró la puerta y me besó apasionadamente. Sus manos recorrieron mi cuerpo.
- ¡Qué ganas tengo de follarte! - murmuró Tomás, excitado.
Sentí su polla pegada a mi cuerpo que se hinchaba con cada nueva caricia. Yo también me sentia excitada, mi sexo estaba cada vez más húmedo y sentia como esa humedad empapaba mis braguitas. Pensar que iba a ser follada por Tomás en aquel lavabo mientras Elba estaba esperandole en su despacho me excitaba aún más. Así que deseé que me poseyera ya, por eso, me subí la falda y dandole la espalda le dije:
- ¡Fóllame el culo, cabrón, necesito sentirte dentro ya!
Tomás no se hizo de rogar, me bajó las braguitas hasta las rodillas, y se bajó la cremallera de su pantalón, mientras yo me apoyaba sobre el deposito del water y le ofrecia mi culo. Su mano acarició mis nalgas, luego adentro uno de sus dedos entre ellas y todo mi cuerpo se estremeció, descendió hasta mi sexo, jugueteó con mis labios vaginales mientras pegaba su cuerpo al mio y sentia su respiración jadeante en mi oido.
- ¡Qué puta eres, estás más mojada que un charco! - me susurró en el oido.
- ¡Aaaaahhh, sí, me pones a mil, cariño! - musité yo, sumamente excitada, sintiendo como sus dedos se adentraban en mi vagina. Luego los llevó húmedos hasta mi ano y me penetró con ellos.
Gemí y me estremecí deseaba tanto sentirle dentro de mí, pero su falo se hacía esperar. Hasta que sentí como, tras retirar sus dedos, lo acercaba a mi ano y abriendo mis nalgas con ambas manos me penetraba de un solo y firme empujón.
- ¡Aaaaaahhhh! - no pude acallar el gemido que salió de mi garganta al sentir como me penetraba.
Su cuerpo se pego al mio y sentí como su polla entraba completamente en mi culo. Luego me tomó por las caderas y empezó el mágico vaiven. Yo trataba de acallar mis gemidos de excitación sabiendo que podía entrar cualquiera en el baño, aunque me costaba hacerlo, ser penetrada en aquella posición, en aquel lugar, me ponía a mil. Repentinamente oímos el timbre del teléfono de Tomás. Este se detuvo en sus movimientos y sin sacar su pene de mis entrañas, cogió el móvil que llevaba en uno de los bolsillos del pantalón.

