Apagando el fuego.
Entro en el bar y busco una mesa que quede enfrente de la del chico, justo en frente, para poder poner en práctica todo mi plan. Me siento y enseguida aparece un chica preguntándome que quiero tomar, le pido una botella de agua e inmediatamente el chico se fija en mí. Así que abro mis piernas lo máximo y le muestro que bajo la corta falda que llevo no hay nada más, ni braguitas, ni tanga, nada, sólo mi sexo húmedo y desnudo. El chico busca mis ojos y me mira alucinado, yo me humedezco los labios con la lengua tratando de seducirle un poco más. La chica vuelve a mi mesa con una botellita de agua y un vaso, luego se aleja. Me pongo agua en el vaso y bebo cerciorándome de que el chico no deja de mirarme. Seguidamente, y tras dejar el vaso sobre la mesa, llevo mi mano hasta mi entrepierna y me acaricio mi sexo húmedo, haciéndole un gesto al chico, que dirige su mirada hacía ahí abajo. Observa entre sorprendido y complacido y veo que su mano también se desliza bajo la mesa para tocarse el sexo que seguro ya tiene bastante erecto. Mi plan ha funcionado a la perfección, así que sólo me falta darle un pequeño empujoncito. Me levanto de la mesa y con paso firme me dirijo hacía el baño, cuando paso al lado del chico, le hago un gesto para que me siga. Y lo hace, me sigue hasta el baño, donde disimuladamente nos metemos ambos. Entro en uno de los wateres y él entra tras de mí, cierra la puerta y me dice:
- Me llamo Tomás ¿y tú?
- Que importa eso ahora, necesito que me folles, nada más - le corto.
Parece sorprenderse un poco por mi actitud, pero en cuanto saco un condón de mi mochila y se lo ofrezco todo vuelve a su cauce.
- Anda, ponte esto y métemela de una vez, no tenemos mucho tiempo - le digo dándole la espalda.
Me obedece, oigo como se baja la cremallera del pantalón y saca su sexo, yo me subo la falda por encima de mi culito, y lo saco lo más que puedo hacía él.

 
Le miro, tiene una verga maja, larga, ancha, como a mi me gustan. La acaricio con mi mano ahora que ya está enfundada y la llevo hasta la entrada húmeda de mi sexo. Él me sujeta por las caderas y de un solo empujón me penetra. Un:
- ¡Aaaaaahhh! - lleno de placer y satisfacción sale de mi boca seguido de un:
- ¡Ooooohh! - que exhala él.
Empieza a empujar acompasando sus movimientos, yo también empujo hacía él sintiendo por completo su polla dentro de mí. En unos segundos nos convertimos en dos animales salvajes en busca de un único objetivo, el más increíble de los placeres. El arremete una y otra vez, mientras besa mi cuello y aprieta mis senos por encima de la camiseta que llevo, con fuerza, yo empujó hacía él una y otra vez, gimiendo enloquecida, sintiendo como su pene entra y sale de mí una y otra vez.
Y no me importa que después de esto, no vuelva acordarse de mí, ni yo de él porque lo único que deseo es que apague mis más bajos instintos sexuales, que me de ese placer que tanto necesito y luego desaparezca de mi vida, quizás para siempre. Nuestros gemidos llenan el baño y ululan en las blancas paredes, su verga se hincha dentro de mí y yo empiezo a sentir el cosquilleo previo al éxtasis.
- ¡Más, dame más fuerte! - le suplico para que acelere y así llegar al orgasmo.
Él me obedece, acelera sus movimientos y empuja con fuerza una y otra vez, y otra y otra, hasta que siento como todo mi cuerpo se convulsiona presa del máximo placer, seguidamente, también él alcanza el orgasmo llenando de semen el condón que hemos usado. Sale de mí y nos vestimos.
- Gracias - le digo - ha sido un buen polvo.
Abro la puerta para salir, tras haberme limpiado, él acaba de subirse la cremallera del pantalón y me pregunta:
- ¿Volveremos a vernos?
- Quien sabe - le respondo, dándole un suave y tierno beso en la mejilla.
Luego me alejo de él y de aquel bar tranquilamente, satisfecha y feliz de haber podido apagar el fuego que tenía dentro de mi. Decido volver a casa, donde seguro me espera una nueva sorpresa en este esplendido día...